[OTRA VISION]

4.5.06

RESPONSABLES

Por Betty Alvarez

En la Argentina del subdesarrollo el futuro es una línea esquiva que se aleja y se desdibuja cuando creemos que la estamos construyendo.
Hacia ese horizonte difuso caminamos todos omitiendo hacernos cargo de las responsabilidades, en distintos grados, que nos conciernen.
Porque a esta Argentina devaluada, paradójica y perpleja la construimos entre todos y claro, a la hora de asumir responsabilidades, todos somos profesionales en el arte de esquivar el cuerpo.
Somos demócratas cuando prevalecen nuestras ideas, creemos en la ley cuando la ley está de nuestro lado, apoyamos a la justicia cuando la justicia nos favorece, exigimos explicaciones cuando los demás deben darlas y apoyamos la libertad de opinión cuando coincide con nuestras opiniones.
En realidad nos cuesta aceptar al “otro diferente” y nos subleva dar explicaciones, aceptar culpas y asumir responsabilidades.
Todavía no nos hemos hecho cargo que esta Argentina del subdesarrollo es responsabilidad nuestra y es, también, nuestra responsabilidad.
La burocracia, la coima, la inseguridad y la corrupción, males que enumeramos como causales del progresivo deterioro del país parecen ser cuestiones que atañen, únicamente, a los gobiernos que han ido diezmando, año a año, las arcas del tesoro nacional. Ni se nos ocurre pensar que fuimos nosotros, todos nosotros, quienes ubicamos a esos señores en los lugares de privilegio que les permitió quedarse con unos cuantos vueltos. También los años de dictadura militar, con los miles de muertos y el consiguiente desbarajuste económico, fue posible porque todos nosotros lo permitimos.
Toda vez que ofrecemos un arreglo a quien nos cobra una multa estamos coimeando, toda vez que compramos un objeto en un lugar inapropiado y a la cuarta parte de su costo real estamos fomentando la inseguridad, cuando nos quedamos con una billetera, un celular o cualquier otro objeto cuyo dueño es posible de localizar estamos robando, cuando le damos a alguien un billete que sabemos que no es legítimo estamos ejerciendo la corrupción.

A veces sorprende oír con cuanta liviandad se enumeran estas acciones como hechos irrelevantes y hasta graciosos. A veces sorprende comprobar con cuanto descaro nos mostramos engañados en nuestra buena fe. A veces indignan las quejas de esos ingenuos que en el discurso condenan estos hechos y en la práctica los fomentan argumentando que “todos lo hacen”.
Somos responsables de esta Argentina del subdesarrollo. Somos responsables de sus paradojas y de sus miserias. Ese horizonte poco claro por el que transitamos es lo que le estamos legando a nuestros hijos, que ven en nuestra falta de compromiso y en nuestros discursos ambiguos un presente cargado de dobles intenciones y un futuro que se les hace esquivo.


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